Esa mujeres tan abnegadas...

Esa mujeres tan abnegadas...
... las madres

lunes, 14 de mayo de 2012

He decidido...

Este fin de semana yo debía haber entregado un relato de viaje. Mis tres opciones eran: 1º cuando me fui o fui invitada a irme de mi casa, aún no me queda claro, 2º mi viaje de novios a dedo recorriendo gran parte de la transpirenáica a pie, y el 3º ahora mismo no recuerdo, tampoco creo que interese saberlo. Ninguno de estos viajes me mueve a escribir, ninguno me proporciona gozo al hacerlo, más bien creo que el hecho de que sean reales me atenazan la posibilidad de crear.
Nunca me ha gustado escribir nada sobre mí, tampoco soy muy dada a explicar más allá de donde creo que los demás deban saber. No me gusta ser la diana real de otros. Si fuese Marinera la que tuviese que escribir esto, no tendría ningún problema, pero desgraciadamente la abandoné por el camino. Marinera era la escritora y yo su simple crítica o lectora asidua.
No voy a negar que a lo largo de estos años que he vivido he asistido a numerosos talleres de escritura creativa, curioso nombre, pues en todos ellos saqué la misma conclusión: -"Tu creatividad depende del grado de satisfacción que le cause al impartidor/a de dicho taller"-. Todos ellos han sido y son escritores de... digamos de alguna forma... conocidos. Conocerlos en la realidad ha sido la mayoría de las veces contraproducente ya que he podido comprobar de primera mano su tremendo ego, egoísmo puro y duro, ególatras de la más baja calaña en muchos casos, también es verdad que he conocido algún que otro personaje bastante afín a lo que yo creo que debe ser un escritor.
Este taller no me motivaba en exceso, para qué negar la verdad. Nunca me han interesado los viajes, o mejor dicho los relatos de viajes, no los soporto, tanta descripción me rebana los sesos. Soy una mujer de acción, no lo puedo negar, a mí las cosas me gustan claras y concisas, nada más antagónico a un libro de relatos de viajes. Pero no obstante, yo pensé que me ayudaría a volver a escribir.
Tenía el viaje decidido, tenía el planning del relato, la firme convicción de que lo iba a hacer y a entregar en plazo, pero no ha sido así.
No puedo escribirlo, demasiado personal para airearlo. Tampoco mis compañeros de taller, alguno de ellos viejos en el tiempo me satisfacen como para darle migajas con las que combatirme. No tengo deseos de grandeza, ni me importan ya muchísimas cosas que en un pasado inmediato me fascinaban. Debe ser que aunque lo he intentado no he encontrado mi lugar. No me siento a gusto con toda esta historia, con la señora profesora una tal Patricia Alamarcegui o algo así, gran viajera por lo que se cuenta, una persona que no me atrae nada, me causa repulsa y algo peor me pone a la defensiva, siendo así las cosas no voy a poner en sus manos una parte de mi vida, pequeña y puede que miserable, pero mía al fin y al cabo.
Según todo lo anterior creo que debo resignarme a no escribir el gran viaje de mi vida. Una frase de lo más simple, patética y gilipollas que se haya escrito en la historia de la literatura. Mis fantasmas en este momento están tan alejados de estas tonterías que no tiene ningún sentido el hecho de haberlo intentado.
No comprendo a este mundo, ni él me comprende a mí, así que las cosas seguirán como hasta ahora, sentados en el alfeizar de la ventana fumandonos un cigarrillo a pachas.
Salud compañeros, ya no tengo muy claro si añadir República, jajajjaja.
Estoy tomando este blog por un diario abierto que eleva mis pensamientos a un público incierto, que no conozco, que no me conoce, pero que a lo mejor existe.
Seguiré divagando a solas, suele ser más provechoso y menos peligroso.

domingo, 29 de abril de 2012

Mi abuela y la literatura

Bueno, he estado en un curso de Creación Literaria dedicado exclusivamente al Viaje, impartido por Patricia Almarcegui, o algo así, lo mío ya sabéis que no son los nombres.
Me pidió como primer trabajo un viaje que se basase en una pequeña plantilla que ella nos proporcionó, y yo hice éste, que no es un viaje en particular si no más bien una concreción de algunos de mis viajes a Madrid, todos ellos reales pero todos mexclados.
No creo que me haya salido ni mínimamente bien, pero como lo he entregado no veo porqué no debáis de leerlo vosotros que estáis más que acostumbrados a mis bazofias, jejeje. Gracias por vuestra pequeña medida de masoquismo que me dedicáis.
Sin más preámbulo, que ya es más que suficiente el que os he hecho ahí va:

Mi abuela y la literatura.
Todo empezó como una broma, ninguna  de las dos podemos decir cómo o por qué sucedió. Sólo diremos en nuestra defensa que ambas nos admirábamos primero de forma secreta y después totalmente abierta.
Ambas nos sabíamos y nos conocían por abuela y nieta, y así era nuestro trato: cercano y familiar.
En Marzo del año anterior ella presentaba en Madrid (su ciudad) su libro de relatos “Verdades y Mentiras Peligrosas” en un café literario llamado “La Buena Vida” (un nombre que no deja de ser curioso y muy literario al menos para mí). Encarna, mi abuela me pidió que fuese al acto con estas palabras: “si mi nieta no va, ya no será lo mismo”.
Obligada por un lado y curiosa por el otro allá que me fui en busca de ayuda a San Google a buscar el lugar, el hotel y el plano del metro de Madrid. No necesitaba nada más.
¡Sorpresa! Estaba a unos 50 mts. de la salida de metro de Opera hacia la derecha.
¡Otra vez Madrid! ¡Y mi abuela allí!
¡Madrid, por fin! ¡Sí, otra vez!
Cada vez que vuelvo, que me bajo del Ave, que aspiro su olor metálico, Madrid me recibe con sus largos brazos de acero y hormigón que atrapan mi voluntad de abandonarla para regresar a casa. La canción de Sabina retumba en mi cabeza llena para entonces de esa ciudad tan amada y deseada…
Me siento en mi casa a pesar de que no soy más que una extraña para ella, tan extraña como cualquier otro ciudadano de Madrid como yo misma en mi propia casa.
Nadie me espera al otro lado del andén, nada es romántico ni maravilloso pero penetro en ella como los cerdos a un matadero: entregada, dócil y a la espera…
Madrid, siempre espero sus sorpresas y nunca me decepciona, me dejo arrastrar más que guiar pero esta vez es Mi Abuela la sorpresa. ¡Tanto tiempo esperando!
Otras veces me he quedado como estatua de sal a la salida de Atocha minutos y minutos aprehendiendo el humo de los coches que circulan como un rebaño de ovejas por el monte, un rebaño enorme, ruidoso y que va dejando a su paso el rastro de sus heces.
Sentí la necesidad de correr a la pensión. Necesitaba esconderme para preparar mi mejor caparazón. ¡No podía fallarle!
Aunque mi abuela sierre defendía mis salidas de tono, esta vez era diferente, esta vez ella era lo único importante, no había sitio para el protagonismo que siempre me acompaña. Echaría mano de mi personaje virtual, ella sabría hacerse cargo de la situación, al fin y al cabo tenía fama de haber navegado con peores temporales.
Transcurrieron horas encerrada en una habitación doble sin grandes decoraciones, las paredes blancas, las sábanas limpias, una mesita redonda y dos taburetes con respaldo, tampoco se podía pedir más a 30€ por noche. Por compañeros de penas sólo alcancé a ver a una decena de inmigrantes entre latinos y negros. Lejos de asustarme me tranquilizó; normalmente no suelen joder en casa propia. Un cuarto piso de una calle señorial de Moncloa, ¡tan buen edificio para personal tan complejo!
El Metro de Madrid es un mundo en sí mismo, la interculturalidad y la diversidad de sus usuarios es tan universal que sientes que el mundo entero cabe en un vagón. Me fui a Sol. Las noches en Sol son muy animadas, por no hablar por el punto de reunión preferido por una gran multitud de personas: El Oso y el Madroño; personas jóvenes y  mayores, que abarcan un inmenso arcoiris y todas las melodías existentes del planeta escondiendo o mostrando las intenciones buenas y malas que pueden albergar en su fuero interno. Ese Km0 es el puto amo, como dicen los chavales.
Nunca entendí esa manía que tenemos de medir las distancias, de cuantificar y clasificar todo.
Cené, bebí…, me mimeticé una vez más con la seguridad de que la traviesa marinera salvaría el barco y la tripulación.
La mañana transcurrió mucho más rápida de lo deseado, me levanté tan tarde como me acosté. Su llamada me devolvió a la realidad, en menos de 1 hora me esperaba a comer. Ducharse, vestirse y volver a hacer la maleta era lo de menos. ¡El momento había llegado y yo con un resacón del 40!
Su voz, ¿cómo explicarla? Contenía el suave vaivén de las olas rompiendo en la orilla de Huelva, el deje afrutado y salvaje de los olivos de Jaén, el misterio y la leyenda de Granada, un seseado cantarín y familiar… Ese tono, ese acento, era como el flamenco que me corre por las venas… Recuerdo que en ese momento pensé que sólo la casualidad me había arrebatado la posibilidad de esa realidad.
A pesar de no habernos visto nunca antes, no pudimos dejar de reconocernos. Me paré frente a ella  y ella se levantó agrandando mi gesto.
Hubo un silencio que se llenó de sonrisa, de emoción y de ese calor cercano que emanan las abuelas.
Al mirarla la plaza quedó extinguida en el brillo de sus ojos y su alegría sincera inundó los míos.
¡Hola, abuelita! ¡Qué bien te veo! ¿no?
¡Hola nieta! ¿Ya era hora, no?
El abrazo duró lo que dura un gitano en robarte la cartera, pero el recuerdo de esa mujer valiente y luchadora entre mis brazos será tan eterno como mi vida.
¿Quién me lo iba a decir? Una señora de 74 años que publicaba en un portal de blogs literarios, mi abuela virtual, y Madrid, la ciudad que nunca será la mía…, ambas se aliaron para  devolverme la familia y la ilusión que la vida real se encargó de arrebatarme.

jueves, 26 de abril de 2012

Y me dió por seguir pensando


Lleva ya largo tiempo rondándome por la cabeza un tema que de todos es conocido, pero últimamente me da mucho la murga.
En los tiempos convulsos en los que vivimos, hay cosas que se repiten a través de muchas analogías, lo que me da por pensar que no hemos evolucionado tanto como suponíamos, al menos en lo que al tema personal ( de persona) se refiere. Estamos nadando en un mar de tecnolodías nuevas que apenas salen se quedan obsoletas, y tratando de acostumbrarnos y de aprender a manejarlas se nos pasa la vida sin desarrollar nuestro cerebro y nuestro corazón para vivir, sentir, emocionarnos, o simplemente ser humanos.
Si volvemos la vista atrás fácilmente creo que entenderéis por qué os digo esto. No siendo algo que me preocupe en exceso y que según tenga el día puede que hasta me cause risa me sorprende el grado de imbecilidad supina en el que nadamos.
Mi pobre información proviene en su mayor parte de libros leídos, de reportajes televisivos triados por mi partícular forma de ver y entender la vida y ¡cómo no! de la capacidad de ver y observar el mundo que me rodea que siempre he tenido desde muy temprana edad.
Bueno, después de tanto preámbulo, justo es que descubra de una vez el tema en cuestión, y es simplemente la idea de si es verdad o no que hemos evolucionado tanto como pensamos, o sólo se trata de una imaginación colectiva alimentada en aras del progreso por nuestros benditos políticos que amañan nuestra percepción de la vida de tal forma que son ellos los únicos que deciden el camino a tomar; indudablemente aquel que más les interesa a ellos.
No obstante, no se me escapa que a alguien más que a los políticos le interesa mantenernos en este estado de alienación razonadora.
Actualmente y debido a la crisis económica-financiera y, lo que es peor, de valores que sufrimos existe un movimiento en favor de la III República (nada que objetar a ello por mi parte).
Aunque en realidad no pasa por ser más que una salida más que ni asusta ni sorprende ni es imprevista, en la que se quiere ensalzar los valores ético-políticos  de aquella sociedad que se empeñaba en culturizar a todos los habitantes del país estuviesen donde estuviesen a través de aquellas famosas comisiones de cultura que llevaban a maestros a pie, pueblo por pueblo, impartiendo conocimientos básicos a la población como era leer, escribir y las 4 reglas matemáticas.
De la  misma manera que  en otros tiempos, en otros años, hicieron las misiones evangelizadoras.
Pero a mi forma de ver una y otra vez estamos cojos, pues no atacamos al problema que nos afecta de raiz y que no está en otro sitio que en nuestros propios prejuicios de clase.
En la época de Alfonso XIII estaban los nobles, los aristócratas, los grandes empresarios llamados por entonces burgueses (algunos de ellos compraban con su dinero títulos nobiliarios a aquellos que sólo les quedaba de su poderío el apellido), y el populacoho (los pobres, sin distinción aunque algunos de ellos tuvieran oficio).
Ricos y pobres: 2 mundos que a lo largo de la historia han ido acercándose peligrosamente y separados violentamente. Tan sólo en la más temprana época de la infancia unos y otros andaban mezclados.
¡Qué diferente era un niño pobre a un niño rico!, ya no sólo por su ropa y aliño si no y más importante por sus expectativas de futuro.
Desde cualquier ángulo de visión que se examine las posiciones eran antagonistas.
En un principio los niños ricos indolentes a su opulencia económica y a su abolengo envidiaban a los pobretones, por su libertad, algunos de ellos sin padres, la mayoría sucios y comidos por parásitos, sin más obligación que vagar y jugar por la calle, sin tener en cuenta que pasaban muchos de ellos hambre y vivían la mayoría en la más férrea de las miserias.
Por poner un ejemplo, podríamos fijarnos en los niños asturianos, cuyos padres sacaban lo poco que comían de las minas, pertenecientes éstas a los padres de los más afortunados.
Un hijo de un minero no era difícil que a los 7 u 8 años anduviera ya dejándose los pulmones y su derecho a juego en cualquier galería que por estrecha y angosta era reservada de forma especial para ellos.
Ese mismo niño bien, que jugaba con el hijo del minero, noble de nacimiento o con posibles tenía a su edad en su misma casa institutriz o profesores diversos que les daban  clases  y más clases: una cultura ámplia de los clasicos, de idiomas o geografía, de filosofía o cualquier cosa que su amigo (hasta hace pocos días) no sólo desconocía su existencia en ese momento si no que fácilmente no llegaría  a saber de ellas en toda su vida.
Ahora bien si lo examinamos desde el lado de los adultos la vista es aún más cruel.
Los padres de las familias humildes esperaban casi con ansia que el niño fuese contratado en la mina para llevar a casa un nuevo jornal. La infancia duraba poco, lo justo para que el niño pudiese coger un pico y clavarlo en la roca, cosa que no les acongojaba en absoluto pues preferían comer del trabajo de sus hijos que de la mendicidad. Los hijos nacían con un único papel que cumplir: ayudar a sus padres. De ahí el dicho de que los niños nacían con un pan bajo el brazo.
Algunas de éstas familias llegaban a tener 10 o 12 criaturas si no eran más. Muchos de estos hermanos no llegaban a conocer a todo el resto de ellos. La mayor de las veces cuando nacían los últimos, varios de los primeros ya habían fallecido. A veces morían nada más nacer y alguno que otro (más de los deseables) se llevaban consigo a sus propias madres, pasando el cargo a la hermana o hermano mayor.
La muerte de un niño en la mina rara vez se veía como una desgracia, ya que era una cosa de lo más natural, hasta para sus mismas familias. La madre lo lloraba mientras el padre estaba ya eligiendo de entre su prole al sucesor del muerto, para que pocos días después pasase a ser un recuerdo olvidado.
Esta frialdad vista por las señoritas y señoritos nobles (o bien criadas o criados) hacía que tratasen al populacho como bestias insensibles al dolor y a la pérdida; y como tal lo hacían, convencidas de que su sangre noble, por casta o por dinero era muy superior a las del trabajador minero y su familia.
Si los niños eran muy pequeños a menudo se veían jugar juntos a los hijos del personal de servicio de las grandes fincas con los de los grandes terratenientes.
Cuando empezaban a crecer, sin saber como, ellos mismos establecian la barrera invisible y volvía cada uno a su redil.
A la edad de la adolescencia los señoritos y señoritas despotricaban por que sus padres los mandaban al extranjero a formarse, mientras el más afortunado de los pobres era aceptado por la iglesia bajo su cargo y bajo juramento de pasar a ser un hijo de Dios, y llegaba a alcanzar una formación muy dirigida en los seminarios , pero asegurándose  su propio sustento de por vida y en ocasiones el de su familia.
Mientras los primeros viajaban por el mundo y lo conocían, los segundos estaban ya casi pensando en formar sus propias familias para liberar a sus padres de la carga que se les suponía darles de comer y dormir.
Cuando estos volvían de ver mundo se entretenían en ir a los casinos, cafés y prostíbulos para confabular o conspirar (entretenimiento base). Sin embargo los pobres debían acudir al ejercito a Marruecos y dar su vida por su país. Tan sólo algún loco con ardor de patria se arriesgaba a dar su vida, los más eran suspendidos de este deber gracias al abultado bolsillo de papá.
Los paseos a última hora de la tarde estabana vedados a aquellos que debían producir el despilfarro de otros, aun con todo podría llegar a ser difícil llevar esta vida de asueto perenne, aburrido y deprimente, pues los notables del país a menudo caían en una surte de desesperación que los llevaba a la depresión, demencia y locura, aunque la culpable escondida era en muchos casos la sifilis y otras enfermedades de transmisión sexual.
Y como era de esperar los altos cargos eran enjaezados por esta turbamulta de gente ociosa, políticos gestados en ambientes de vicio y corrupción, personas que apenas si sabían lo que significaba vivir, llorar por defender a los suyos, y tan sólo asustados por que la daga se clavase antes de haber podido desjarretar  a golpe de goce la vida que ese Dios tan suyo les habia regalado.
Siendo así, ¿qué futuro nos podían dar?
Hoy los nietos, bisnietos y tataranietos de esa gente encorsetada y encopetada monopoliza y triunfa en la política siendo después de tantos años la misma idea la que les ronda. Los ricos a estudiar, conocer mundo y conocer todos los vicios y placeres de la vida mientras los pobres se despellejan por el pan de sus hijos con la esperanza de que al menos su muerte  sea dulce y compasiva.

En algún momento en el que me sienta con ganas analizaré lo que sé y conozco de los años 60, y tal vez me arriesgue con la actualidad.
Sé que puede no compartirse lo que en este texto se dice, pero es mi opinión.

viernes, 20 de abril de 2012

Se posa en el cielo...

Se posa en el cielo la mentira laureada, se cierne sobre el populacho desinflado lleno de privaciones y lamentos. La pobreza es el menor de sus problemas siendo como es su estado natural...  Los valores se despellejan el culo arrastrándose por alcobas reales. El alma deja de tener un sentido, pierde hasta la emoción más primitiva, nadie se salva...
Se oye susurrar al demonio vestido de dignidad. Sí, va de digno aunque ya nadie crea en él. El sentido del deber, del suyo es desaparecer, pero antes de eso prefiere la daga clavada en el cuello porque la corrupción del poder lo ha cegado para siempre y sin remedio.
Las balas huyen asustándose de los pies púberes de un infante real, se niegan a contagiarse de una sangre azul cada vez más descolorida mientras que el dulce y verenable abuelo las estalla contra inmensos animales que nunca han ido en su busca y a los cuales ninguna gracia les hace encontrárselo.
El sueño de todo un pueblo se desvanece, se abre una llaga en los corazones que lleva inscrita en su raiz la desconfianza, esa misma que aliementa la mentira de siglos de opresiones dinásticas.
La lucha se resiste, algún malhadado geniecillo alborotador y/o travieso juega con el designio desconocido de toda una nación, la humanidad, que llora por perder la venda, por serle negada la felicidad, porque se sienten desorientados en un mundo en el que sólo debían dejarse llevar, sin pensar, en el que todo iba rodado... Hacía dónde se rodaba parecía no importar pues todo iba bien.
Los pocos iluminados que vieron caer el telón de fondo, supieron lo que se posaba en un cielo de color rosa, pero fueron desestimados pues era peligroso sentarse a pensar.
La lluvia no acaba de limpiar la contaminación, y los rios se acaban antes de llegar al mar, la suerte no llega por si sola y si la buscas demasiado te da la espalda. Remojarse debajo del tejado no ayuda.
Quizá si fuésemos capaces de construir un paragüas, quizá y sólo quizá aprenderíamos a luchar con el horizonte cubierto.
Mientras, seguirá posándose en el cielo la amenaza de un salvaje futuro...

martes, 27 de marzo de 2012

El mendigo de las Hadas

Hola de nuevo a todos, como no tengo aún suficiente imaginación para inventar por mi misma un relato, he querido hacer un ejercicio literario, emulando a otro escritor. He cogido uno de sus relatos cortos y he subrayado en él, varias frases al azar que de por sí dan una breve idea del tema del relato.

El ejercicio básicamente consiste en darle la vuelta al relato y crear algo totalmente distinto de lo creado, aunque el tema sea el mismo.

Espero que esto no sea delito de plagio, por si acaso, diré que el relato es de Carlos Castán y el título original de su obra es La Reina de los Ríos.
El texto entrecomillado es el escrito por Carlos aunque creo que no hace falta informar de ello, pues su calidad literaria es superior a cualquier cosa que yo haya escrito en toda mi vida.


A ver si os gusta:

“Memorizo la luz que le nace en los ojos, porque luego me hace falta cuando me quedo solo en mi cuarto y la noche es un negro dolor que no se acaba”

Intento olvidar la obscuridad que nace de sus ojos, que me posee y aplasta... Cuando me quedo sola, necesito luz para sentirme protegida. Convierto mi habitación en un altar improvisado, o no, rodeando mi cama de velas blancas.

...” yo le escribo una carta en la que quiero que sea una prisionera lejana”

Recibí una carta de sus manos, la recogí azorada... Mi primera idea fue tirarla a la basura, pero sin quererlo me convertí en prisionera de sus letras.

...” sin papel ni bolígrafo ni nada yo le voy escribiendo esa carta mientras paseo o miro como juegan al futbol los demás o traduzco latín o debería”...

Sus palabras escritas, más que en tinta a fuego o mejor aún a sangre y fuego enraízan en mí, el papel en mi mano quema, pero su contenido en mi pecho mata. Me olvido de mis obligaciones, ya no sé si son los chiquillos que juegan fuera al fútbol o son mis entrañas las que gritan. Tenía tanto por hacer...

Me quedé sentada.

...”El padre Yago es un sádico, quiero decir marica sanguinario, le va lo de dar hostias y también lametones en la oreja y toquineos por aquí y por allá, como el otro día”...
No logro entender a Angeline. Es una chica bondadosa, guapa, alegre que siempre que pasa por su lado, se sienta y le sonríe, le coge sus manos, habla con él largas conversaciones. No puedo imaginar que es lo que le produce esa especie de adoración hacia él. ¿Dónde debe mirar cuando no ve, o hace como que no ve, sus babas resecas? ¿y las costras de mierda en la palma de sus manos?

Y lo peor, cómo puede aguantar su mirada, esa mirada pétrea, más negra que una sima en las profundidades del Atlántico.

...” Me gusta que me mire por que el trozo de mi vida que se dibuja en sus ojos, al menos ese trozo, está claro que sale ganando”
Yo soy incapaz de soportar esos ojos escrutadores, malignos... Evito cuanto puedo mirarlos, pero aún así no puedo dejar de presagiar su mirada clavada en mi espalda, convirtiéndome en un desperdicio humano. Me hace sentir odiada y a la vez muerta.

...”También sufro por ella, porque este entorno de gritos y escupitajos, de curas y muros grises, ella no se lo merece”.
No puedo ni quiero evitar el asco de su figura encorvada y lasciva. Le temo, sí, me produce pánico y quiero gritarle y escupirle porque es lo único que se merece, pero no lo hago, por miedo.

... “Cuando estudias tapado por una manta sólo sacas las manos para pasar la página. Así es mucho más fácil sentirse desolado, envuelto en una manta de soldado la vispera de un examen criminal, pensar...
 ... en Ella, un gran vaso de café con leche, un edredón de flores que nos cubra a los dos”.
No quiero acordarme de él, pero cuanto más lo evito más viene a mi mente... Cuando desayuno, cuando trabajo arropada por una manta o al acostarme tapada hasta la nariz con el edredón de flores, regalo de mi madre..., entonces me acuerdo de él, y el frío y la desolación penetran en mi alma.
... “Al padre Yago le encanta golpear a la gente. Hoy a vuelto a tomarla conmigo. Son los peores esos curas que hacen deporte, y casi nunca se pone la sotana, éste va de monitor de boxeo y se cree elegante... Lo verdaderamente asqueroso son sus babas”.
Angeline después de conversar largo rato con él en la acera me ha saludado afectuosamente. No lo entiendo sigo sin comprender, quizá sea una hada madrina vestida de tejanos y zapatillas. Nadie en su sano juicio besaría a un hombre así, con esas babas resecas...

... “Muere amargamente otro domingo de invierno y lo más gris de todo es esta habitación y el chico que llora en el centro.
En la carta añado: tú eres la herida, el cuchillo y la cuchillada.
No sé si es más pecado olvidarme del cielo por completo o gemir cada noche que su cuerpo Dios me lo conceda”.
Es invierno, hace mucho frío, él sigue ahí, embutido en su abrigo roído, con su andrajosa vestimenta, sin moverse ni un ápice, destartalado, aterido, sigue sin moverse...

¡Quizá esté muerto! ¡Ójala! Eso significaría mi plena felicidad, sí, que lo retirasen de ahí que se lo llevaran para siempre jamás, pero su carta sigue en mi mano una vez más. En ella me dice que nunca lograré ser feliz, que mi odio me matará

¿Qué sabrá él de mí? ¿Qué?

En ella decía que mi rencor sería mi puñalada mortal ¡Qué tontería!

Vuelvo a acostarme, rezando y pidiendo a Dios que cuando me levante él ya haya sido retirado junto con su asqueroso carrito de pertenencias.

...” Y que estaban allí, dice el tipo. Ella y el Yago todo acaramelados, él habló y su voz es de las que no se confunden. No comprendo todavía por qué no grité ni por qué no pasé la noche arañando la cal de las paredes”.
No, no había muerto. ¡Qué va! Angeline se había acostado con él para darle calor. Cuando se fue le dio un beso en los labios, si así se puede llamar a ese conjunto de piel y babas resecas... Le dijo: -"Te quiero" -. No, no me confundo, lo escuché perfectamente cuando al pasé al lado de ellos camino del trabajo.

Estuve a punto de gritar, pero lo único que alcancé a hacer fue dar un saltito y acelerar mi paso. Nunca, jamás, en toda mi vida, había sentido una repugnancia más intolerable. Me pasé toda la noche dando arcadas, tapada hasta las orejas y con temblores... Creo que esa imagen me acompañará hasta el fin de mis días.

... “Cada día viene más guapa la muy zorra, su sonrisa pintada ahora de granate, parece más que nunca una sonrisa de puta.
¿Pudre el padre Yago todo lo que toca?
Qué distinto cuando antes soñaba con ella de cuando sueño ahora”.
Desde entonces él empezó a cambiar, su ropa, sobretodo su ropa. Ya no hay carrito, ni pertenencias malolientes, sus andrajos han ido desapareciendo poco a poco. Cada día que pasa se va acercando más a un caballero

¿Será Angeline una hada de verdad?

... “No he tenido más remedio que pensar en matarla. Es ya de noche, que es cuando debe morir una traidora.
Nadie se preguntó si antes de matar el asesino lloró como un Cristo en Getsemaní, ni si hubiera preferido ir a casa a jugar con su tren eléctrico en lugar de tragarse de un golpe su amargo destino, su marrón, entre los olivos”.
Yo que había pensado seriamente en mil y una formas de asesinarlo para quitarlo de enfrente, de la única visión desde mi ventana, y ahora...

Ahora me asomo cada mañana para descubrir e incluso estudiar cada cambio que se opera en él.

Y cada día me trae a la memoria un recuerdo de alguien que no logro atrapar.

Tanto asco que me daba, y ahora...

... “Supongo que es esto lo que llaman vivir sin esperanzas, caerse el corazón a los pies, volverse loco. Me figuro a mi alma como una pequeña extensión blanca tirada por los suelos, quemada por los bordes y, en el centro, la potente huella de una bota de un cura del cuarenta y cuatro.
Se han metido la hostia padre con el coche. Él dicen que saldrá de esta, ella no se sabe.
Parece ser que va a quedar paralítica y con un poco de suerte ningún hijo de puta querrá volver a tocarla ya más veces.
Ella que lo sabía todo sobre terremotos, ella que para mí era la reina de los ríos y de los volcanes. Eso quiere decir que acaso Dios me aprecia.
Pronto bailaré con Bea la canción de un nuevo verano”.
Dicen por ahí, las malas lenguas que se han ido a vivir juntos, y también dicen que hay luna de miel prevista.

Lo que no saben, ni sabrán las malas lenguas es que por fin he atrapado al recuerdo.

Él que era para mí tan sólo un mendigo... Se ha convertido en el mendigo de las hadas, y digo bien e incluso más, de las hadas buenas.

Hubo un tiempo en que yo lo amé para poco después despreciarlo. Nunca comprendí su desapego a lo material, y ahora ha encontrado a alguien que lo ha querido y lo ha aceptado estando en la más ruín de las indigencias, y que no le ha importado.

Dios una vez más me castiga, sí, sé que me odia, yo también me odio... Él siempre supo quien era yo, y tuvo siempre razón: mi odio me matará antes de alcanzar la felicidad.

Ahora me pregunto dónde estarán esas babas resecas...

Ahora son mías, se han quedado pegadas a mi garganta y a mi boca.

martes, 20 de marzo de 2012

TRENES

Trenes, casualidad, encuentro, despedida.

Ruido, traqueteo, cambio de vías, paisaje en perpetuo movimiento, pensamientos fugaces, cabeza contra ventanila, dolor de sienes...

Vuelta a cambiar de vía, nuevo ruido, cables de tendido eléctrico, antes a la derecha, ahora a la izquierda, y los pensamientos que no paran...

Noria de sentimientos, unos muertos o adormecidos, otros vivos y punzantes.

¿Realidad o ficción?

Nomenclatura de palabras que no logra atravesar mi piel.

...Él... ¿real o soñado?

... ¿Y yo?

Todo empezó donde ahora me hallo, en un tren de largo recorrido: Madrid - Sevilla.

Él, agitanado, de aspecto pobre, de mirada lasciva, con chulería, y uan sonrisa de las que te atraviesan el alma.

No, no fue a mí a quién se la dedicó si no a otra mujer...

Otra que estaba en el andén mandándole besos mientras sujetaba o intentaba sujetar a dos chiquillos rubios y sucios que no dejaban de tironear de ella.

... Yo, sin embargo, no tenía a nadie que se preocupara de mí y pensé que sería bonito...

Más ruido, traqueteo, el silbido indolente, salida de la estación, mirada perdida en el horizonte mientras otra mirada se clavaba en mi nuca, respirar agitado, cabeza... , otra vez golpeada rítmicamente contra la ventana; un suspiro, un susto, ... , otro cambio de vía, y su aliento ya en mi cara.

¡Qué bonito sería tener a alguién esperandome en la próxima estación!

Y ese hombre... Cada vez que volvía a mi mente lo sentía más y más cerca de mí.

Frenazo, pasa el traqueteo, el último vaivén de mi cabeza ya culminó.

Otra vez luchar con la pesada maleta, otra vez la sensación de soledad...

Su mirada atenta me persigue, s levanta conmigo, la acompaña esa sonrisa...

-¿La ayudo, señorita?

No contesto, me ruborizo, para entonces mi maleta ya está a mis pies, sin esfuerzo, él delante de mí...

¿Me quedo?

No, ya estoy abajo.

Lo veo partir.

Ahora él experimenta el silbido, el traqueteo, los golpes de la ventanilla en su sien derecha, mientras yo timidamente hago el amago de levantar una mano.

Desde entonces viajo en muchos trenes, busco una mirada, busco esa sonrisa, en silencio, para acabar siempre luchando con la maleta en la última parada.

martes, 13 de marzo de 2012

Escribir es... Como la vida misma

El escribir por escribir, no resulta, quiero decir no es fácil, ni suele llevar a ningún lado, sin embargo hay veces en que te sientes impulsado a escribir sin tener en apariencia nada que contar.

En cualquier caso se trata de un oficio artesano que precisa de mimo, cuidados y trabajo, sobre todo esto último y mucho esfuerzo.

La pereza parece no existir cuando notas que tu cabeza hierve de ideas constantemente, sientes como realidad única y primigenia que eres capaz de escribir montañas de libros sin desfallecer, sin pausarte pero..., a veces, la vorágine de la creatividad impulsiva se acaba, o simplemente te exige un descanso y es entonces cuando los miedos de la página en blanco comienzan a atenazarnos.

Es un momento amargo en el que crees realmente que las ideas te han abandonado, que lo de las musas es una patraña y automáticamente empiezas a releer todo lo que has escrito hasta el momento y te dan ganas de romperlo todo y esparcirlo al viento, por que es todo tan banal e infantil por no llamarlo directamente: malo.

Y es ahí, en ese mismo instante en el que un buen autor, un escritor de verdad empieza a trabajar, a garabatear papeles, a jugar con los titulares de los periódicos, a anotar fechas, nombres, lugares, sucesos, todos ellos dispersos e inconexos, todos únicos pero con una sola característica en común; ser parte de una gran obra ya sea novela, teatro o poema, el formato es lo único indiferente y prescindible.

Así pues el artesano de la pluma y tintero pone en práctica todas sus técnicas aprendidas y aprehendidas durante largos y solitarios años y, a base de mucho tesón y voluntad y de una lucha sin cuartel contra si mismo y también contra la inmaculada faz del folio virgen consigue finalmente dar a luz una obra inédita, propia, totalmente suya, hecha de retazos robados a la realidad, de tal forma que aún siendo hombre comprende y asimila perfectamente lo que es traer una criatura al mundo.

Y en esto básicamente (según mi propia opinión) consiste la literatura, es como la vida misma: estar solo, temer, temblar y esperar.