Esa mujeres tan abnegadas...

Esa mujeres tan abnegadas...
... las madres

martes, 2 de febrero de 2016

MADRID:FRONTERA BY DAVID LLORENTE.




Difícil para mí hacer una reseña de un libro, pues jamás la he hecho. No tengo ni idea de que se espera de una reseña pero yo voy a hablar de impresiones, de estilo, de estructura.
Anochece en Madrid… Anochece sin la esperanza de un mañana. Dicen que es novela negra, yo no sé si la clasificaría así… Lo que sí sé es que el Negro es el personaje principal. Un negro que se regodea en la lluvia, en cartones (un universo repleto de cartones), en la muerte, en la No Esperanza. Un negro que se nutre de desolación, del abandono, de la renuncia a la vida y a la cultura. Un negro que hace desaparecer las grandes palabras de la humanidad, AMOR, FELICIDAD, LIBERTAD.
Pero quizá lo más oscuro e inquietante es la voluntad humana que se refleja con un lenguaje claro, conciso no exento de ser críptico, que no duele, es tan sutil que no te das cuenta de que se te ha clavado hasta las entrañas, que te ha herido el alma.
No es una novela que se digiere con el estómago. No, es una novela que te remueve las vísceras no por el contenido, sino porque nos reconocemos como parte del nudo, y sobre todo del desenlace de la misma. No duele, ya lo dije antes, Mata. Mata por dentro con un estilo muy personal, narrando con una cámara, la de las palabras.
En esta época en que se dice que una imagen vale más que mil palabras, esta novela nos enseña que no, que la palabra hiere y  no esconde el puñal, que la palabra muestra, tanto es así que la Inquisición a la palabra alza incineradoras de libros en pleno centro de Madrid.
Un Madrid extrapolable a cualquier ciudad, a cualquier país, al planeta entero. Una estructura redonda que abarca mundos paralelos, el que vemos o intuimos y el real, ese que está dentro de cada uno de nosotros, que decide por nosotros y nos arrastra en contra de la voluntad, o quizá sea el asesino de la dignidad y de la libertad.
Una novela que te lleva de la mano presenciando un Madrid devastado y que aunque te oprime y te indigna no puedes dejar de leer, que sorprende que el final sea el esperado precisamente por esa involucración del lector como parte actora. Porque es una novela que profundiza a través del trato incisorio de su vocabulario en la conciencia del lector.
No he leído nada más de David Llorente, lo cual me impide ahondar en su obra y lo que atisbo de su particular estilo. Para mí es un gran descubrimiento y un autor a seguir.

domingo, 31 de enero de 2016

Rumba 3



La casualidad… ¿Alguien sabe si existe?
No me interesa profundizar mucho en ello.
Pero los recuerdos que despiertan por casualidad, esos sí que me hacen pensar, reflexionar…
La otra noche por casualidad escuché la canción “No sé, no sé” de Rumba 3.
Ni siquiera me acordaba de que esa canción era de ellos.
Pero si me acuerdo de la primera vez que te escuché cantar. La profesora quería seleccionar alumnos para la fiesta de navidad.
Yo nunca te vería en esa fiesta… Me marché a finales de octubre y allí te quedaste y nunca más te volví a ver.
Y esa canción me recordó tantas cosas que me pasé la noche perpetuándonos y se me hizo la mañana sin sentir la noche.
En clase nunca estábamos juntos, eso lo reservábamos para la salida, dónde nuestro mundo era solo para nosotros…
Compañeros de juegos y riesgos. El riesgo es lo que nos daba la química.
Recuerdo frases y situaciones como mordidas por el olvido y la distancia. Soy incapaz de recordar tu cara o tu nombre, pero no lo que sentía.
Recuerdos… de tus palabras que entonces me dejaron pensando muchas veces de la verdadera razón que te hicieron pronunciarlas, unas me retaban y otras me sorprendían.
A veces llegué a pensar que nos unía algo demasiado especial, otras que tan sólo buscabas reírte, no sé si de mí o conmigo…
(En cualquier caso yo las recreo como me da la gana para eso son mis recuerdos).
Como cuando saltabas del puente por dinero y no me dejabas hacerlo, me decías que no, que eso era peligroso, y ante la imposibilidad de hacerlo contigo lo hacía en el puente de la autopista.  ¿Sabes? Salté. Y me rompí un tobillo, pero yo no pensaba en mi tobillo, yo me sentía un héroe porque lo había hecho, porque había sido capaz, no me había quedado atrás. Cuando mis amigos de la calle me llevaban en brazos camino de la casa de mis padres yo sólo podía sonreír y pensar: ¡peligros a mí! Cuando se lo cuente… Pero era verano… Llegó el principio de las clases y se me olvidó.
O cuando entraste detrás de mí al baño de las chicas para contarme que el día anterior habíais jugado al beso, que besaste en la boca a las empollonas de clase, que tú no querías, que no te gustó. En aquellos años me interesaba bien poco (9 o 10 teníamos) esos juegos, más bien me parecían aburridos y algo asquerosos. Después, ahora, 40 años después me pregunto, ¿cuál fue tu intención? ¿Besarme? Ya no lo sabré.
Y todo esto y muchísimo más se me vino a la cabeza escuchando Rumba 3 y te eché de menos como si fuese ayer o la semana pasada cuando nos separamos.

jueves, 28 de mayo de 2015

Quisiera..

...Perderme en tus ojos
que saben a tierra mojada,
a infinitas tormentas
que desaparecen en la mañana.
...Abandonarme en tus brazos
tibieza humana
tesoro de pobres
encerrado en unos huesos que no hablan.
...Escuchar el galope de tus sueños
que envenenan mis entrañas
que me susurra y se divierten
desgarrándome el alma.
... Desatar una pasión
que cada día se hace más extraña.
Despojar ese hondo silencio
que me arropa en la cama
Quisiera abandonar tu recuerdo
para que seas mi madrugada.

domingo, 11 de mayo de 2014

El desalojo



―¡¡Jolín, qué bien se está aquí!!
―¡¡ Qué bañera más alucinante!!
El agua está calentita. Tengo espacio suficiente para moverme. ¡Anda qué no! Si puedo darme hasta volteretas dentro de ella.
―¡¡ Me pegaría toda la vida así!!
Lo malo es que tendré que ir pensando en salir de aquí. Dentro de nada ya no cabré, me haré más alto, más gordo... No podré ni revolverme (vamos darme la vuelta será poco más que impensable).
―¡No sé qué pasa!
Últimamente noto como si las paredes se quisieran estrechar, como si hubiesen decidido hacerme prisionero en mi propio zulo. Siento que se vuelven de acero, ¡me aprietan!
―¡Socorro! ¡Se convulsiona todo!
Noto mucho nerviosismo fuera de éste habitáculo húmedo que ya es realmente pequeño y estrecho para éste cuerpo tan rellenito que tengo.
―¡Ostia! ¿¡No será un terremoto, o un maremoto, o un tsunami!? (O como se diga).
―Pero, ¿qué carajo pasa ahora?
¡Vaya, vaya, lo que faltaba, alguien ha robado el tapón de la bañera! ¡¡Me quedo sin agua!! ―¡¡No tié guasa ni na la cosa!!
Y yo, que quería estar eternamente en remojo... ―¡¡NO QUIERO SALIR!!
Oigo gritos, suspiros, jadeos furiosos, y algo semejante a palabras de ánimo.
¿Será una carrera o algo así??
―Pero… ¿qué puñeta está pasando ahora?
Esta pila va aplastarme, me empuja, me presiona desde los pies y me obliga a ponerme de cabeza hacia el desagüe que ya no tiene tapón, y por cierto que el agujero se está haciendo enorme. ¡Estoy asustado perdido!
Alguna histérica está gritando y resoplando, y lo más chocante es que cada vez que respira (más bien diría gruñe), más apretujado me siento.
―¡¡ Ay. Ay, que me estrangulan!!
―Tened piedad de mí, que estoy aquí dentro.
Llevo más de nueve meses dentro, en éste mi líquido, en total oscuridad, durmiendo al son del tac tac del corazón.
―¡¡ NO QUIERO SALIR!! ¡¡ TENGO MIEDO!!
¡Alguien vuelve a  gritar!, ¿qué estará pasando?
―¿Pero será verdad, que vienen a desalojarme? Y sin contemplaciones…
―¡Pobre de mí!
Yo aquí dentro estoy bien…, más seguro.
Allá afuera hay mucha luz, mucho ruido, muchas voces
―Dejadme quedar aquí, aunque sólo sea por nueve meses más, ¡¡ por favor!!
― ¡No hay manera de que alguien me escuche!
―¡Ostia! Pues, nada, qué se han emperrado en echarme fuera y ya tengo la cabeza fuera.
―¡¡ QUÉ ME SACAN POR HUEVOS!!
Esto se acaba, me veo en la calle dando vueltas al sol…
―¡Nada! No he podido hacer nada...
Como me gustaría poder decir: ―Ahora se van a enterar estos de quién soy yo. Ahora soy yo el que va a berrear, y el que se queje. Ja ja ja. ¡Pobrecitos! ―Pero no soy capaz de articular palabra.
Aunque bien mirado, tampoco estoy tan mal…
―Pero, ¿qué es esto? Estoy pringado hasta la médula de sangre, y no es mía. ¡Eh! ¿De dónde ha salido?... ¡¡¡Ay. ay ,ay!!!
― ¡Qué asco!...  Pero… ¿de quién será?
Y para colmo de males estoy arrugadísimo (no me extraña tanto tiempo en remojo, era de esperar que algo así ocurriera)
¡Y aun así echo de menos el agua!
―¡Ah!, y ahora me lavan, ¡qué guay!
―¡Mira!, si me arropan con algo oscuro, ¡y qué raro huele!...
Pero lo que yo quiero es a mi madre, su calor, su cariño, el “tac― tac” de su corazón.
―¡Por fin! Estoy en el regazo de mi madre.

miércoles, 30 de abril de 2014




Me llamas,
Me buscas,
Me despiertas
Y yo abro los ojos.

Te veo desaparecer
Cubierto de bruma
Y creo sentir
De tus labios el aroma.
 
Te amo,
Con locura,
Con toda la pasión
Que cabe en una huida.

Un beso frío
Viene con la aurora
Y se deposita
En esta mejilla rota.
.
No te escapes
¡Vuelve!
Te espero
No quiero perderte.
.
Ven, aquí, junto a mi vera
Envuélveme en tus brazos
Y déjame ver tu sonrisa.
.
Sólo tú eres mi yo
Piensa en mí
Cuando se ponga el sol
Y sosiega mi alma en tus labios.
.
¿Por qué me llamas?
Si después no me esperas
Cansada ando, corro y vuelo
Y tú, tú, mi vida te llevas

miércoles, 16 de abril de 2014

y… esto de escribir… ¿¿¿para qué sirve????



No tengo nada claro que esto de escribir sirva de algo, al menos en mi caso.
Llevar un diario no es que sea un gran esfuerzo sobre todo si es tipo me levanto, desayuno, me peso... ¿me peso? (qué sacrilegio y que forma más absurda de arruinar un día) o me peso y después si eso ya desayunaré. Voy a trabajar, bueno no trabajo, pero curro por la patilla, o sea, sí trabajo pero no cobro (y no es que sea por solidaridad, ni por echar una mano a nadie, ni por aburrimiento, sino porque una puede ser tonta, pero yo soy lo siguiente). Llego a casa con más hambre que un buey arando toda la mañana tirando de la yunta (y eso que yo no tiro de nada y no camino más que lo justo, pero vosotros sabéis lo que llega a cansar esto de pensar: madrugas, te pierdes tus programas favoritos por la noche para no llegar tarde al día siguiente…, vamos que hago la misma faena que si me pagasen y así estoy haciendo… pues eso, el canelo. Y eso, perdonad que os lo diga agota la energía de un hiperactivo, no por el trabajo si no por la rabia que se te mete dentro), y claro como (de comer). Como como una animal y después para matar los fantasmas (o mejor dicho para cerrarle la puta bocaza al mariconazo de mi marido que no sabe más que decir que soy una gorda) me cambio y me voy a correr.
A ver, no hay que ser muy listo ni tener una súper imaginación para recrear el cuadro que os voy a presentar, así que rogaría que las risas las dejarais para otro momento porque esto, sí esto, es el momento cruel del día, de todos los días, y lo peor es que me tiene totalmente enganchada.
Bueno, a lo que vamos, imaginaos a una tía de 1,67 con 85 kilos enfundada en una mallas, con calentadores de rayas, una sudadera y encima un cortavientos (que no entiendo por qué lo llaman así, a mí lo único que me corta es la respiración, y si me lo abrocho hasta arriba no soy capaz ni de tirarme un pedo no vaya a ser que salga como un cohete) corriendo (bueno, no seáis malos, lo vamos a llamar correr y punto pelota, eh) por la puta carretera a la que han llamado la ruta del colesterol (más que otra cosa por que por allí no van más que abuelos/as y gordos/as) con la cara roja sudando a chorros (congestionada viva, vamos) y las carnes que rebotan desde el suelo hasta por arriba de la cabeza (que no es broma coño, que yo empiezo a tirar para adelante haciendo impulso con los brazos y de repente notas tu culo ese súper cabrón de culo que te tira para atrás, vamos que parece que te ha pegado un apretón y te vas a cagar la pata abajo) bastante vieja ya (los 50 no me los quita nadie pero porque son unas putas envidiosas las mujeres de la ruta) respirando con la boca abierta y babeando ( que más parece que estás pensando en la merienda que viene después que en que te estás ahogando). Y para culminar la estampa yo misma, ya que creo que soy superestilosa haciendo running (que una será gorda pero glamurosa), nada que ver con las piojosas esas agnósticas todas, ¡ay no!, agnósticas no, cómo se dice, anoréxicas (¡joder!, un error de cálculo lo tiene cualquiera) que no tienen ni chicha ni limoná.
Y después obviusly te comes todo lo que te pongan por delante, lo que sea, en la cantidad que sea, y tenga el sabor que tenga (total como te lo has de tragar como los pavos antes de que entre por la puerta el pariente y te diga de tó menos bonica…) con lo que la dieta que tenía en mente se va al carajo y de la depresión que te entra te arreas unos huevos fritos con tocino que me río yo de un general, ja  ja ja.
Y al día siguiente la misma historia, te acuestas pensando en la puta báscula (si no estará  jodida o algo por que en vez de bajar sube y yo me lo curro a base de bien para no engordar)
Entonces de qué coño sirve escribir, llevar un diario y esas cosas...  Lo único que me produce es más ansiedad, en 15 días he engordado 3 kilos.
A lo mejor es que me tengo que dedicar a la escritura y pasar de las dietas, no sé.
Voy a comerme unas galletas y se lo preguntaré a la almohada, ¡tanto estrés me va a matar!... o unas rosquillas que me llenaran más la barriga.